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Estudiar es una actividad en la que cada uno creemos tener la forma superior para enfrentarla. Hemos probado y probado a lo largo de nuestra vida y al parecer ya hemos encontrado nuestra propia técnica ajustada a nuestra personalidad. No obstante, en el estudio virtual se aplican muchas de las mismas reglas del estudio tradicional. Repasemos algunos de los temas y recomendaciones que nos daban en nuestros tiempos de estudio "tradicional" y veamos lo que se aplica y lo que deja de existir en el ambiente virtual. En particular, examinemos cuatro aspectos: Cualquier trabajo intelectual que acompañe una labor de estudiar se realiza casi siempre a través de la lectura y la escritura. Aunque en los cursos modernos se está buscando llegar más a las nuevas generaciones con elementos audiovisuales, la mayoría de las actividades principales de aprendizaje requieren de leer y escribir. Y para leer y escribir hay que recurrir a la atención y concentración. La concentración es el elemento fundamental que activa nuestra memoria y nuestro entendimiento y solamente se logra como consecuencia de la atención. Y aunque los jóvenes de hoy en día quieran convencernos de lo contrario, solamente se logra un mínimo de atención dentro de un ambiente de estudio. Dirán que son palabras de viejo, pero no se puede estudiar bien en una postura incómoda, en un lugar con mala iluminación o en sitio en donde haya mucha actividad social. En el estudio virtual, el ambiente está muy relacionado con el lugar en donde está el computador. Sin embargo, muchas actividades de lectura o redacción de trabajos pueden llevarse a cabo lejos del computador. Muchos prefieren imprimir los documentos y llevarlos a su tradicional sitio de estudio para "procesarlos" en la forma acostumbrada. Otros todavía recurren a un cuaderno en el que escriben todas las ideas y hacen un borrador de lo que quieren expresar, antes de sentarse frenta al teclado a redactar. Es indudable que existe una relación directamente proporcional entre la atención que ponemos en el estudio y el grado de asimilación (compresión y memorización). Tampoco necesitamos demasiados experimentos para concluir que existe una relación inversa entre el grado de concentración y el tiempo necesario para aprender un tema. El tiempo invertido en aprender algo con una atención deficiente, fácilmente lo podemos reducir a la mitad con una atención dedicada. Surge aquí entonces otro elemento: la motivación. Lograremos la concentración solamente si tenemos unos motivos que nos empujen a concentrarnos con eficacia. Algunos motivos son de carácter ético y profesional. Todos tenemos la conciencia de que debemos prepararnos para ser útiles en la sociedad, y tratamos de aprovechar las oprtunidades de capacitación que se nos presentan. También nos mueve el deber de no desperdiciar el esfuerzo o el sacrificio que otros están haciendo para que podamos estudiar. Desde el afán de superarnos y prepararnos para ocupar en el futuro un puesto destacado hasta la simple satisfacción del logro, la gama de razones para estudiar es muy variada y personal. Se cual sea la razón, es fundamental involucrarse activamente con lo que tenemos que estudiar. Una forma de hacerlo es con diversas actividades, por ejemplo tomando notas o haciendo dibujos o diagramas al mismo tiempo que leemos. Si estamos frente a una pantalla de computador, nada nos impide tener abierta simultaneamente una ventana de notas. Allí podemos escribir lo que nos viene a la mente y agregarlo a piezas de información que recortemos y peguemos a nuestras notas. (Con el famoso Ctrl+c Ctrl+v). También hay formas modernas de resaltar y subrayar electrónicamente lo importante, sin embargog, muchos seguimos siendo dependientes de la hoja impresa, y los apuntes al margen. Cualquiera que sea su forma de concentrarse, no olvide tener en cuenta sus límites para no llegar al extremo de la saturación. Por eso, no dude en descansar cuando sea necesario. Aunque se pierda un tiempo valioso, luego se dará cuenta que esos minutos se pueden recuperar plenamente cuando regrese a trabajar en buenas condiciones.
Una pregunta directa. ¿Ve usted bien? Parece obvio, pero a veces olvidamos que el buen estado de nuestra visión es la primera condición para una buena lectura. ¿Está muy pequeña esta letra para usted? ¿Hay reflejos en la pantalla? ¿Prefiere letras oscuras en fondo claro o al revés? ¿Hay suficiente iluminación? ¿Está usted cómodo? A menudo los materiales presentados en los cursos virtuales están adaptados para la lectura en la pantalla del computador, pero no siempre es el caso. Los documentos deberían permitir al usuario modificar el tamaño de la letra a su gusto o a su necesidad visual. Los estudios comprueban que cuando leemos no movemos la vista ordenadamente a lo largo de la línea escrita. Al contrario, avanzamos en saltos, con paradas imperceptibles en lo que nos llama la atención en cada línea. Vemos la imagen de las palabras completas en tiempos muy cortos en los que inmediatamente reconocemos de qué palabra se trata. En el caso de documentos presentados en la pantalla del computador, es muy frecuente que el lector haga un paneo rápido del texto ("scan") y se detenga en lo que le interesa. Por eso los documentos presentan elementos para llamar la atención, como resaltados, listas con viñetas, imágenes, subtítulos, etc. Hay varios tipos de lectura. - Primero está la lectura que busca datos aislados y razones para interesarnos en el detalle del texto. No nos interesa todavía el resto del texto y procedemos a la máxima velocidad.
- Posteriormente existe una lectura más intensa que se concentra en extraer información. Queremos enterarnos de todo lo que dice para tener una idea general, o bien para localizar determinados puntos importantes que queremos leer o estudiar más tarde.
- Finalmente, acudimos a la lectura reflexiva o lectura de estudio en donde la velocidad no es importante. Lo que nos interesa ante todo es la comprensión y la retención de lo leído. Por eso es posible que tengamos que retroceder a partes ya leídas o consultar otras fuentes.
En el aula tradicional, seguir y retener en apuntes lo explicado en clase es fundamental para facilitar el trabajo posterior de estudiar en un libro. Por eso decíamos en épocas pasadas que el profesor "dictaba" su clase. El estudiante no hacía otra cosa que escribir y escribir tratando de suplir la diferencia de velocidad entre la palabra hablada y la escrita. Después vendría la interpretación de las notas obtenidas, lo cual no siempre era una labor exitosa o eficiente. En el aula virtual no existe esta dificultad, pero esto no quiere decir que no tengamos cuadernos de apuntes. El hecho de que el contenido del curso ya esté registrado en un medio permanente no quiere decir que ya nos hayamos "apropiado" de él. El proceso de capturar, sintetizar y escribir con nuestras propias palabras lo escuchado en un aula de clase constituye el primer paso de apropiación del conocimiento. Este proceso no debe perderse en los cursos virtuales. Por eso es recomendable comprar cuadernos de apuntes para cada uno de los temas estudiados y tomar apuntes en ellos... ¡a mano! Quizás en la era digital del "cut and paste" (recortar y pegar) parezca primitivo que recomendemos el lápiz y el papel, pero está comprobado que es la forma más efectiva de retener y apropiarse de un tema. No parece lógico que estemos sentados frente a un computador con un cuaderno y un papel, pero, créanos que funciona. Con frecuencia es bastante útil escribir en cuadernos de líneas bastante espaciadas o utilizar amplios márgenes laterales, de manera que las aclaraciones, correcciones o breves complementos puedan hacerse en el lugar adecuado: entre líneas o al margen. La pregunta que noa hacíamos siempre se refería a la conveniencia o no de pasar los apuntes a limpio. Hacerlo, decían nuestros maestros, tenía una doble ventaja: contribuía a revisarlos y completarlos a fondo y ayudaba a entender la materia y familiarizarse con ella. En la era digital no es raro ver numerosos computadores portátiles abiertos en el aula de clase. Los maestros nos emocionamos de ver en clase que las manos de los estudiantes no paran de golpear los teclados. Asumimos que están tomando buenos apuntes y confiamos que no se trate de sesiones desenfrenadas de chat con el amigo que está a tres puestos de distancia. Algunos somos todavía muy ilusos...
No existe el aprendizaje pasivo y es importante saber que estudiar no se reduce a leer o a escuchar. Uno de los peores hábitos que puede adquirir un estudiante, es contentarse con recibir lo que tiene delante aunque no lo comprenda. Cuando estamos estudiando frente a un computador (conectado a la Web) no hay excusa para dejar pasar algo sin comprenderlo plenamente. A un clic de distancia tenemos diccionarios en línea, enciclopedias, buscadores y millones de páginas de información. Si la respuesta no está allí... probablemente no existe. Es fundamental descubrir la estructura de cada lectura o material, distinguiendo lo principal de lo secundario y examinando la conexión que tienen entre sí las diversas ideas. Una vez descubiertas éstas, ver cómo son explicadas, probadas o aclaradas por medio de ideas secundarias. Inmediatamente podemos recurrir a fuentes diferentes de las propuestas por el profesor del curso. Seguramente encontraremos docenas de versiones del mismo tema hasta que alguna de ellas nos llenará el vacío que tenemos. En el estudio tradicional lograbamos la estructuración de las lecturas mediante dos herramientas: el subrayado y el esquema. El subrayado presupone que el documento sea nuestro. En el caso de los materiales virtuales, la gran ventaja es que podemos imprimir lo que queramos y apropiarnos del documento inmediatamente. Pero hay que subrayar poco. Un subrayado continuo es casi tan inútil como no haber subrayado nada. En mis tiempo de universidad nos burlábamos de ver los textos de algunos compañeros resaltados completamente de principio a fin. Les decíamos que por qué no compraban un resaltador de página entera para ahorrar tiempo. En el caso de documentos digitales, se pueden trasladar a un programa procesador de textos y subrayarlos digitalmente. Pero la mejor opción siempre es imprimir y subrayar manualmente. Además se pueden agregar notas al margen. El mejor medio para comprender la estructura de lo que estamos estudiando es crear un esquema que nos permita ver el todo y sus partes. Es posible que el documento ya traiga un esquema, pero no debemos ser tan exigentes y perezosos. Una vez que hemos comprendido la materia que estamos estudiando y por medio de subrayados o de esquemas hemos descubierto y fijado instintivamente su estructura, es el momento de aprenderla. Aprender es fijar en la memoria lo ya entendido y organizado, ya que la memoria recoge y retiene mucho mejor y con menos esfuerzo lo que previamente se ha entendido. Es preferible aprender y retener ideas y no frases. Y la mejor forma de aprender algo es intentar explicarlo a alguien más (o a nosotros mismos). Por eso es importante que en un ambiente virtual no nos quedemos aislados y recurramos a los demás compañeros o al tutor creando oportunidades de intercambio de ideas y aclaración de dudas. |